Oda a las líneas


Desde lo largo de la historia de la humanidad, los seres humanos hemos expresado de forma gráfica el mundo que nos rodea. Hemos creado mapas de casi todo lo que tenemos al rededor. Antes de poder crear mapas, tuvimos que concebir cognitivamente las acciones que veíamos a nuestro al rededor para ser después capaces de plasmarlas. Antes de plasmarlas son simplemente pensamientos, ideas, gestos, conversaciones o acciones hasta que se plasman en para el mundo en una especie de “mapa”.

El primer mapa de la historia se encontró en la cueva de Abauntz en España. En ella existen líneas y representaciones gráficas sobre el contorno de alrededor de la cueva. Se dibujaron los ríos, las montañas y los animales que existían por la zona. Desde aquella época se empezaron a mapear el entorno, las fases lunares o las estrellas como en la cueva de Lascaux en el sur de Francia.

Otra forma muy inteligente de entender el mundo y plasmarlo era con el “Marshall Island Stick chart” que consistía en un mapa hecho a base de palos de ramas de coco y atados entre ellos para conseguir representar las corrientes que hacía el océano influenciado por las Islas por las que navegaban.

Los mapas han cambiado nuestra percepción del mundo y de lo que nos rodea. A día de hoy mapeamos prácticamente todo: además del cielo, las estrellas y las fases lunares, hemos ubicado el norte, el sur, el este y el oeste, los usos horarios, la geografía de la tierra en sí, las ciudades y sus carreteras, caminos, parques, barrios, edificios, plazas. Las líneas de tráfico aéreo y también de tráfico terrestre. Incluso los diseños que hacemos hoy son mapas y mapas. Los mapas son una forma gráfica de entender el mundo.

También mapeamos cognitivamente nuestras a casas al grado que casi podemos andar en ella de memoria y sin mirar (a esto le llamamos marcos espaciales mentales o mapas mentales), lo cual no tiene solamente que ver con la capacidad de ver porque los ciegos son expertos en mapas mentales, sin embargo sabemos los pasos, objetos que hay, esquinas y espacios. Incluso a día de hoy, con la tecnología podemos mapear cosas que incluso somos incapaces de ver o que todavía ni siquiera existen.

Todos los mapas contienen muchas cosas (símbolos, objetos, etc…) pero una de las más importantes son las líneas.

Una de las líneas más importante es la línea de nuestra vida. Vemos nuestra vida como una línea de tiempo, tiene un inicio, una duración y un fin. Va de un lado a otro. Si intentamos imaginarla incluso la veremos mentalmente como va de izquierda a derecha (si somos diestros). Si no fuésemos capaces de ver esta línea y entenderla como tal, no seríamos capaces de encontrar el sentido de nuestra existencia en este mundo, de lo que somos y en lo que nos hemos convertido a lo largo de nuestra vida. ¡Tampoco seríamos capaces de pensar cronológicamente!

Las líneas están en todos lados: son caminos, direcciones y representan cognitivamente el movimiento, la acción. Gracias a las líneas hemos escrito obras de teatro, somos capaces de entender una película, de entender lo que nos cuenta un amigo, de leer y aprender a hablar e incluso gracias a las líneas somos capaces de conectar ideas. Podemos mirar un punto, otro punto y otro punto y ver qué líneas de unión tiene. Somos capaces de analizar el mundo que nos rodea y aprender. Sin las líneas no seríamos nada.

Los mapas que hemos creado no solamente tienen líneas, también tienen símbolos. No es lo mismo una idea, que un edificio o que una estrella. Sin embargo cognitivamente es un símbolo que unido a otro puede representar una visión más holística que la que tienen de forma individual.

El lenguaje mismo es un símbolo, una forma gráfica de representación. Al principio el lenguaje eran un cúmulo de símbolos logográficos que significaban una acción o un concepto en concreto, incluso una pequeña historia (runas vikingas, letras de japón) hasta que se fueron separando de manera independiente en un alfabeto con capacidades mucho mayores que los que había antes y que hicieron no solamente explotar la creatividad humana sino también nuestra evolución.

La intención del hombre de malearlo nace a partir de una acción (o una línea) que el cerebro a través de los sentidos la cautiva y le otorga una percepción. La descifra y le otorga un significado. La convierte entonces en “algo” que el cerebra encapsula como un símbolo. De los símbolos y la unión de estos se establece todo lo que conocemos hoy.

Siempre hemos puesto cosas en el mundo, desde una cita en un calendario hasta un mapa de una cueva o de la estructura de una ciudad. Poner cosas en el mundo nos da formas de referirnos al pasado y de planificar el futuro. La cabeza es limitada, pero el mundo no lo es. El ser capaces de transmitir y dejar legado nos hace permanecer. Las líneas son acción, significado y vida. Las líneas están en todos lados. Que vivan las líneas.

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