El valor de los oficios en la era digital

February 11, 2020

 

En los últimos años hemos creado y diseñado en base a ciertos principios que no estoy tan segura de que nos estén llevando a donde queremos estar como seres humanos, como sociedad y como planeta.  Hemos diseñado bajo el principio de la “personalización” lo cual nos ha casi convertido en comedores de sugerencias perdiendo la capacidad de introspección individual para saber qué queremos, qué nos gustaría explorar y por qué.  Hemos diseñado “inmediatez” haciéndonos presos de nuestro propio tiempo pensando en que esa inmediatez nos hará tener más tiempo cuando en realidad nos hace tener menos porque lo microsegmentamos en tareas absurdas. Hemos diseñado en “silos” en lugar de una forma sistémica teniendo en cuenta todas las consecuencias tanto sociales como medioambientales de nuestros diseños.  Hemos diseñado para que sea todo “fácil” perdiendo el valor del esfuerzo que cuesta hacer, crear, acceder y aprender las cosas.  

 

Si algo ha sido un fiel maestro en mostrarnos la importancia del esfuerzo en hacer las cosas han sido los oficios que a lo largo de muchos años y hasta hace muy pocos nos habían acompañado como parte de nuestra vida cotidiana siendo muchas veces la persona que realiza el oficio el punto de conexión entre personas y comunidades, generador de relaciones y por ende de salud individual y colectiva. Los oficios han sido un símbolo de “comunidad”, de “relaciones”, de nexos de unión entre personas.  A través de los oficios no solamente se creaban conexiones sino que también se contaban historias, se transmitía el legado de las comunidades y de las personas e incluso del propio oficio.  ¿Qué historias contamos hoy?

 

La palabra “oficio” proviene del latín “officium” (servicio o función) o “opificis” (artesano o creador).  Siempre he creído que es importante mirar hacia delante respecto a los avances tecnológicos tan necesarios para muchas cosas como temas de salud, inclusión y sostenibilidad entre muchos otros, sin embargo, creo firmemente que el hecho de no mirar atrás a la historia (y no tan lejana) nos ha hecho dejar de dar valor a cosas que no deberíamos perder bajo ningún concepto o incluso no aprender de cualidades del pasado para implementar en los avances tecnológicos de hoy.

 

Algo en común que tienen casi todos los oficios es que suelen ser trabajos manuales; esto implica un trabajo físico y destreza manual que son característicos para el desarrollo de estos trabajos.  Aunque esto no sea nada revelador, lo que si es interesante es observar cómo gracias a la digitalización y la tecnología y al perder muchas actividades que realizábamos de forma manual (entre ellas escribir con lápiz y papel o leer libros no digitales) hemos dejado de generar muchas conexiones neuronales a través de los puntos sensoriales que se activan en el cerebro al realizar trabajos manuales, mostrando efectos significativamente negativos a nivel de salud mental y física.  Sin hablar del importante valor que tienen al ser actividades que se hacen casi de forma mecánica pero que al implicar el 100% de la parte física impide al artesano realizar otra cosa en paralelo (a lo cual estamos muy acostumbrados hoy) por lo que lo convierte en una actividad reflexiva tan fundamental para el desarrollo individual de las personas.

 

En una época marcada por catástrofes medio ambientales, capitalismo y consumismo masivo, son los oficios los que nos recuerdan el valor de conservar los objetos, de repararlos, de conservarlos como objetos que nos han acompañado a lo largo de nuestra historia individual y que no por estar “rotos” pierden valor. Del valor que tiene lo “no-inmediato”, el saber que las cosas llevan su tiempo y ajustarnos a ellos como parte del sistema natural y social del cual formamos parte.  Nos recuerdan el valor que tienen los objetos hechos por “alguien” con ingredientes naturales y no por una máquina y con componentes químicos no naturales.  Yo me pregunto: ¿Por qué si nos dan una bolsa de mimbre no la tiramos a la basura y si es de plástico si la tiramos? ¿Qué nos hace en el cerebro el material del cual están hechas las cosas?.  

 

Los oficios nos recuerdan la importancia de lo no artificial, del olor a cuero, del sentir del barro en las manos, del olor a madera, a pan recién hecho, al tacatán de la máquina de coser y de ese olor tan peculiar al entrar al zapatero.  Cuando en algunos pueblos vemos pasar al lechero, al panadero que nos deja la puerta en el pan o escuchamos el sonido del afilador, nos sentimos en casa, nos sentimos en una comunidad. 

 

A continuación listo algunos oficios que ya se han perdido y otros muchos que están al borde de la extinción aunque creo que en unos años volverán a tener importancia y valor cuando nos demos cuenta de que no toda la vida y tampoco todas las cosas nos las van a poder hacer las máquinas.  De hecho gracias a la digitalización han re-surgido negocios que estaban casi obsoletos como la cerámica, el mimbre y otros oficios que muchos jóvenes han retomado de una forma más actual pero conservando el valor del pasado.

 

- Sereno: vigilaba las calles y el alumbrado público

- Pregonero: iba de pueblo en pueblo con su trompeta dando noticias importantes

- Limpiabotas: limpiaba los zapatos de la gente en plazas y calles

- Colchonero: iba de casa en casa rellenando los colchones que solían ser de algodón

- Recadero: (hoy Glovo) era una persona que se encargaba de llevar cosas de un sitio a otro

- Plañidera: mujer que se le pagaba por llorar en los entierros

- Leñador: talaba madera (todavía existe)

- Cestero: hacía cestos sobre todo de mimbre

 

Y podríamos mencionar muchos más, unos más recientes o que todavía siguen en funcionamiento, subsistiendo como pueden, otros mas antiguos tanto que las generaciones no tan jóvenes ya ni siquiera conocen.  Carpintero, panadero, peletero, electricista, fontanero, jardinero, barbero, herrero, barquillero, resinero, hachero, acomodador de cine, lavanderas, hiladeras, lacayo, mielero, botijero, cantero, rotulista, tornero, sastre, modista, guarnicionero, esquiladores…. 

 

En la época en la que más pensamos en nuestro futuro, aprendamos a dar valor al pasado, a todas las personas que han formado parte de lo que somos todos hoy como sociedad, que nos enseñaron un mundo diferente del cual tenemos mucho que aprender pero sobre todo que debemos no dejar atrás.

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