Transformación, cultura y sistemas


Claro y directo: vivimos en un mundo que ha ido evolucionando en una sola línea recta: la línea económica de producción económica y globalización. Durante años no nos hemos detenido a pensar en opción b o a mirar atrás a nuestra historia y aprender, para seguir avanzando pero haciéndolo de una forma más natural, más humana y más sostenible. Hemos desarrollado tecnologías que incluso superan nuestra capacidad de adaptarnos a ella.

Hace 100 años el mundo era más fácil de comprender, las cosas eran más sencillas y los sistemas del mundo estaban al alcance de nuestra comprensión porque eran nuestros sistemas, sistemas locales. Al cambiar los sistemas de producción desde la revolución industrial y más tarde entrar en la globalización, los sistemas principales fueron los sistemas económicos y además se interrelacionaron con el resto de sistemas del mundo haciendo un macro sistema complejo de entender. De pronto las historias que teníamos que nos ayudaban a comprender el mundo ya no nos servían y tuvimos que crear una historia global, común y económica. En lugar de transformar nuestra forma de pensar, hemos transformado el mundo.

Estos avances tecno-económico han sido los creadores de muchas cosas como la digitalización, la robótica, las comunicaciones ilimitadas, pero a su vez han sido los creadores de la desigualdad más grande que ha vivido la humanidad. El espacio entre unos y otros siempre ha existido, pero ahora es más grande. Es por eso que los grupos que no se han subido a esta digital-globalización intentan frenar el ritmo desenfrenado del tren de la globalización. La globalización no se ha conformado con globalizar el sistema económico, también intenta globalizar la cultura para que todos hablemos igual y el sistema económico pueda ser más eficiente: el sistema económico vive de las interpelaciones entre personas y objetos. Vive de nuestra forma de pensar y vivir. Vive de nosotros siendo parte de un sistema de producción y consumo que ha beneficiado a unos y dejado fuera a otros. ¿Quién cuida entonces la cultura local? Son los grupos “marginados” quienes intentan mantener lo local, quienes a través de las grandes transformaciones culturales y sociales han ido frenando la globalización, quienes miran hacia dentro, hacia sus raíces y encuentran el por qué de su historia y el por qué la globalización no es parte de su historia.

Vamos a ser claros, la transformación sucede cuando se da el espacio y el contexto para ello. Es decir, la transformación y el desarrollo reside en la cantidad de opciones que tienen las personas para hacerlo. No podemos decir que las personas quieren seguir consumiendo plástico, sino es que no hay otra opción que consumir plástico. Cuando a las personas les das la opción para conectarse y transformar sus hábitos en acciones más sostenibles, no dudan en hacerlo. Los hábitos suceden a nivel cerebral y automatizan nuestros deseos con una cierta satisfacción, de modo que cuando queremos algo, hacemos algo y obtenemos algo; cuando esto se hace de forma automática se crea un hábito. En el “que” queremos y lo que obtenemos es difícil entrar para modificar los hábitos, sin embargo en el cómo lo hacemos, en la experiencia del hábito es donde se puede entrar para transformar.

Es por eso que la cultura tiene un alto poder de transformar los hábitos de las personas. La cultura a través del arte y el lenguaje son transformadores de hábitos individuales capaces de transformar el sistema que hemos creado hoy para poder ser un sistema justo y que sirva al resto de sistemas: natural, social y cultural. A través del lenguaje mantenemos la cultura local y creamos la historia, nuestra historia y la forma de comprender el mundo. A través del lenguaje comprendemos también la forma en la que nos interrelacionamos con los objetos y la historia propia de ellos. Cuando un objeto es de material natural y sabemos de dónde viene, tiene más valor y no lo desechamos. Cuando es producido en serie y es de material artificial, nos incita a tirarlo y desecharlo. ¿Por qué tiramos a la basura una bolsa de plástico pero una de esparto la mantenemos? ¿Cómo afecta el material en el comportamiento? ¿Somos conscientes de ello?

Se ha estudiado la forma en la que la naturaleza propia es tecnología. Hemos intentado aprender de ella pero no hemos conseguido hacerlo mainstream y magnificarlo ¿Por qué? Porque no sirve al sistema económico. Hemos conseguido hacer una bombilla que dura 100 años, pero no se comercializa ¿Por qué? Porque entonces venderían menos y no serviría al sistema económico sino al social y al natural. Es aquí cuando nos damos cuenta de los ritmos de los sistemas de los que somos parte. El ritmo del sistema de producción tiene que ser acelerado para vender más, hoy en día se crea un 220% más productos que los que somos capaces de consumir. Este ritmo ha creado un ritmo de estilo de vida acelerado que tampoco es sostenible ni va acorde al sistema natural que lleva otro ritmo. El sistema natural lleva cuatro ritmos marcados por estaciones que nosotros hemos ya prostituido, siendo capaces de comer frutos de invierno en verano y de cualquier parte del mundo.

Como decía al inicio: en lugar de transformar nuestra forma de pensar, hemos transformado el mundo a las necesidades de un único sistema, el sistema económico. Es momento de volver a mirar atrás, utilizar la creatividad para pensar en opciones inspiradas en la naturaleza, para que el sistema económico sirva al resto de sistemas y hayamos escrito un nuevo capítulo de nuestra historia.