¿Por qué hacemos lo que hacemos?


¿Cuantas veces nos hemos planteado cambiar algún hábito que no nos gusta? ¿Salir a correr todas las mañanas? ¿Dejar de fumar?

¿Por qué hemos sido capaces de modificar la forma en la que ligamos al hacerlo ahora desde una aplicación (incluso quedar con personas que no conocemos de absolutamente nada) y no hemos podido ser capaces de modificar la forma en la que hacemos la compra para hacerlo de forma online?

Vivimos inmersos en un sin fin de actividades que hacemos de forma automática. Todos los días por la mañana apagamos la alarma del despertador (generalmente a la misma hora), nos cepillamos los dientes, nos duchamos, nos vestimos y conducimos nuestros coches de forma automática sin pararnos a pensar si estamos metiendo la llave o presionando el embrague. Casi el 80% de nuestras actividades diarias se realizan así: sin pensarlo.

Los hábitos suceden en un "loop" que tiene tres etapas: la primera etapa es la de la "señal" en la que el cerebro recibe la señal para llevar a cabo una actividad; la segunda etapa es la experiencia en la que realizamos esa actividad; la tercer etapa es la recompensa. Cuando esta rutina se repite constantemente se crea un hábito. El proceso en el que el cerebro convierte una secuencia de acciones en una rutina automática se llama "chunking" y son las raíces de la creación de los hábitos.

Los científicos afirman que los hábitos ocurren porque una de las funciones principales de nuestro cerebro es ahorrar esfuerzo y energía por lo que el cerebro siempre intentará convertir una rutina en un hábito. Un cerebro eficiente nos permite dejar de pensar constantemente en comportamientos básicos como caminar o escoger qué comer o cómo conducir; por eso el cerebro recoge las actividades que ya tiene establecidas y simplemente se pone en modo "no cuestionar"; Y cuando ese cerebro es recompensado, obtiene siempre una motivación para repetir.

Por ejemplo, cuando aprendemos a conducir, el cerebro requiere de una alta dosis de concentración para llevar a cabo todas las pequeñas actividades requeridas para conducir; después de un tiempo, el cerebro lo hace de forma automática. Cuando un nuevo hábito nace, el cerebro deja de participar en un 100% en esa toma de decisiones para centrarse en otras tareas.

¿Por qué es tan difícil cambiar un hábito?

Los hábitos no son inamovibles, se pueden modificar, ignorar o reemplazar. Muchas veces en lugar de crear hábitos nuevos se pueden modificar los hábitos existentes que no nos están aportando beneficio. Para poder cambiar un hábito existe un secreto, utilizar lo que ya tenemos en nuestra mente y la regla para modificarlos es la siguiente: usar la misma señal y la misma recompensa pero modificar o insertar una nueva experiencia.

Esta regla de oro se ha utilizado para modificar los hábitos con la que se han podido erradicar adicciones, trastornos alimenticios y muchos otros hábitos que no aportan beneficios al ser humano. Se resume en mantener lo que te motiva a hacer algo y el sentimiento que obtienes al hacerlo, pero modificar la actividad. Por eso hemos sido capaces de modificar la forma en la que ligamos: porque la motivación (por ejemplo el no estar solo) y la recompensa (sentir cariño) es la misma, simplemente cambió la experiencia del cómo lo hacemos (a través del móvil) y fue positiva.

Corrientes como el mindfulness basan sus teorías en tener mentalmente presente todo lo que hacemos y cómo nos sentimos, de esta forma empezamos a ser conscientes de nuestros hábitos y nuestras rutinas para saber cuáles nos aportan un beneficio y cuales podríamos modificar. Es decirle a ese cerebro ahorrador de energía que no automatice tanto para poder ver un poco lo qué hacemos y por qué lo hacemos, de esta forma, al ser conscientes obtenemos una visión de nosotros mismos que ahora mismo es difícil ver por el mundo tan inmediato en el que vivimos.