El espacio y el comportamiento

June 1, 2018

 

No es nueva la teoría de que la arquitectura y el diseño de espacios tienen la capacidad de moldear comportamientos sociales y formas de vida de quienes los habitan. En 1966 el británico Maurice Broady llamó a esta teoría “determinismo arquitectónico” que defiende que la construcción del entorno es el máximo elemento determinante del comportamiento social (Teoría social del diseño arquitectónico).  Este concepto puede tener orígenes en Jeremy Bentham´s cuando estudió sobre cómo las reformas de prisiones y hospitales modificaban el comportamiento de sus ocupantes.  Fue sin embargo Maurice Broady quien lo conceptualizó como una teoría en sí.

 

Ya lo dijo Winston Churchill una vez: “Nosotros damos forma a nuestros edificios y después nuestros edificios nos dan forma a nosotros”

 

En la arquitectura (como en muchas otras disciplinas relativas al diseño y la creación) pueden suceder dos situaciones primordiales: cuando se diseña y construye  bajo la premisa de satisfacer las necesidades de los usuarios o cuando es el usuario adapta su forma de vida a los espacios de los que hace uso. 

 

 

Está comprobado que si por ejemplo a una persona no le gusta cocinar, pero tiene una cocina amplia, cómoda y agradable, las posibilidades de que cocine  son mucho mayores.  Lo mismo sucede con los espacios del salón, si tenemos un salón suficientemente amplio como para invitar personas a nuestra casa saldríamos mucho menos. Si previo al uso de la bici estuvieran habilitados y bien pensados carriles para ciclistas, se utilizarían mucho más, se contaminaría menos y los usuarios harían mucho más ejercicio.

 

Esto se puede observar incluso en países.  En Latinoamérica en donde el uso de las casas (o chalets) es mayoritario, las personas pasan mucho más tiempo en su casa y los niños en sus jardines individuales.  Se baja mucho menos al parque a jugar con el resto de niños como podría suceder en España y los niños europeos por ende son infinitamente más sociables y con mayores cualidades de sociabilidad que los niños en otros países.  Lo mismo sucede con los padres y por eso las formas de relacionarse suelen ser en círculos mucho más cerrados.

 

¿Qué pasaría si al momento de diseñar se considerara mucho más el comportamiento de las personas en esos entornos?

 

¿Podríamos terminar con problemas de salud?  ¿Podríamos terminar con problemas de corrupción? ¿Podríamos terminar con problemas de integración social?

 

¿Podríamos crear a través de la arquitectura y el diseño  el tipo de sociedad en la que nos queremos convertir?

 

Si quisiésemos hacerlo tendría que ser un trabajo mutuo, tanto de las personas que diseñan como de los que consumen.  También la forma de consumo y los productos que elegimos es una forma de moldear nuestra vida.

 

Las personas que diseñan y construyen para los usuarios tendrían que plantearse no únicamente la usabilidad y calidad de los espacios si no cómo esos espacios van a moldear la vida de quienes los habitan.  Pero también como consumidores tendríamos que tener una visión un poco más allá a la hora de elegir dónde vivimos, que objetos utilizamos para realizar nuestras tareas y con qué clase de elementos nos queremos relacionar sabiendo que van a tener una clara influencia en nuestro comportamiento en general y por ende en nuestra vida.

 

 

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